Mateo 27:57–28:10 “Pasado el día de reposo, al amanecer del primer día de la semana, vinieron María Magdalena y la otra María, a ver el sepulcro. Y hubo un gran terremoto; porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, removió la piedra, y se sentó sobre ella. Su aspecto era como un relámpago y su vestido blanco como la nieve. Y de miedo de él los guardas temblaron y se quedaron como muertos. Mas el ángel, respondiendo, dijo a las mujeres: No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor. E id pronto y decid a sus discípulos que ha resucitado de los muertos, y he aquí va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis. He aquí, os lo he dicho. Entonces ellas, saliendo del sepulcro con temor y gran gozo, fueron corriendo a dar las nuevas a sus discípulos. Y mientras iban a dar las nuevas a los discípulos, he aquí, Jesús les salió al encuentro, diciendo: ¡Salve! Y ellas, acercándose, abrazaron sus pies, y le adoraron. Entonces Jesús les dijo: No temáis; id, dad las nuevas a mis hermanos, para que vayan a Galilea, y allí me verá”
Ese pasaje bíblico junto a lo escrito por los otros tres evangelistas y por la Tradición oral que ha acompañado este hecho tan significativo, es donde reposa la FE CRISTIANA, la única religión en la que su profeta principal o líder, resucita y en esa Resurrección justamente es que comienza la propagación de nuestra fe.Yo soy cristiana, católica, yo creo en la Resurrección de Jesús, yo creo en Él como hijo de Dios y creo en un solo Dios a quien amo sobre todas las cosas, como lo pidió en su primer mandamiento. Y esa Resurrección y fe van para mi mucho más allá de la palabra escrita, de esa tradición oral transmitida a lo largo de toda la historia del cristianismo y que lejos de evadirse se ha ido fortaleciendo, con el paso del tiempo.
Yo siento la resurrección del Señor en el amor inmenso de la familia y en los esfuerzos que cada grupo familiar hace para estar cada día más cerca de Dios, es decir cumpliendo sus mandatos, procurando apegarse a los valores positivos del ser humano y a las virtudes que nos transmite el Espíritu Santo. Creo en el Señor cuando a pesar de todos los problemas que se presentan, a pesar del panorama más gris, siempre aparece una mano dispuesta a ayudar; creo inmensamente en la fuerza Divina de Dios, cuando veo la satisfacción de los seres humanos al alcanzar una meta que creían imposible, y esto me nutre y me hace sentir plena, porque lo veo a diario, cuando educo a mis hijos, cuando trabajo con mis alumnos, cuando comparto con otras personas laboralmente, cuando converso con la familia, a diario veo logros, metas, éxitos alcanzados, a veces son pequeños, como lograr sostener adecuadamente un lápiz, otros son más complejos, pero todos son igualmente importantes cuando se ha hecho un esfuerzo por alcanzarlo y ver esa sonrisa, esa emoción y esa satisfacción de logro, es una resurrección a mi vida
Siento el amor inmenso de Dios, cuando dentro del calor de una cola, la incertidumbre de conseguir o no nuestro sustento diario, el temor por la constante inseguridad, el agobio de los motorizados, de pronto dentro de ese caos, alguien aparece y te devuelve algo que se te ha caído, pasa una persona y te da las buenas tardes, un niño desde el carro de enfrente sin conocerte, juega contigo a saludarte, a esconderse y aparecer riendo absorto de lo que ocurre a su alrededor.
Siento que hay resurrección del Señor cuando a pesar de que las circunstancias de la vida nos han separado, mis hijos, padres, hermanos, tíos, primos y sobrinos, estamos más unidos que nunca, aunque físicamente estemos en Inglaterra, España, Argentina, Méjico, Bélgica, EEUU, Escocia… Maracaibo, Valencia, San Cristóbal, Puerto Ordaz, Mérida, Colombia…. Cada uno de nosotros sabe del otro, estamos pendientes de los triunfos y las penas y hacemos todo lo que esté en nuestras manos para acompañarnos cuando lo necesitamos.
Veo cada día la bondad infinita de Dios cuando me permitió disfrutar con tanta alegría del amor de mis abuelos, cuando sigo viendo la sonrisa y el apoyo de mis padres, cuando veo que tengo la fortuna de tener empleo, de recibir en mi casa el alimento diario, de poder brindar una educación a mis hijos, de vivir y agradecer ese canto de pájaros y guacharacas que hoy despiertan al lado de mi ventana.
Resucitamos a Jesús y a Dios en nuestras vidas, cuando rezamos, cuando salimos juntos, cuando pensamos en el otro, cuando nos levantamos luego de cada caída, cuando honramos a nuestros antepasados rememorando sus historias y reviviendo sus pasiones, cuando sentimos que no existe fronteras, que somos UNO y que con esa fuerza del amor infinito vamos a seguir adelante alcanzando todo lo que nos proponemos.
Yo tengo una fe bonita, la fe de la alegría y con ella todo por muy negro o gris que parezca, siento que cambiará de color en cualquier instante y volvemos a empezar de nuevo con el arco iris, con el pacto que Dios ha dejado en el cielo para que sepamos que siempre está con nosotros.
Por eso para mí este día es de gran alegría!!! Feliz Pascua de Resurrección!!!!
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