domingo, 3 de abril de 2022

UN DÍA BAJO. Escrito el 1 de septiembre del 2012.

Hay un día en el que te levantas y te das cuenta que ya no eres la misma persona de siempre…. A ver si me explico: cuando somos pequeños pareciera que el tiempo no transcurriera, siempre estamos pensando en lo que seremos al crecer, guardamos la ilusión y la esperanza de que en un futuro habrá algo mejor que el presente, hecho por nosotros mismos, pensamos que nuestro universo estará siempre protegido y que siempre acudirá alguien a salvarnos en caso de tener algún problema. Esa etapa se va extendiendo por muchos años y sin darnos cuenta ya somos adultos y nos encontramos viviendo de alguna forma ese sueño, pero no nos damos cuenta, nos sentimos inmersos  en nuestros propios problemas que  vamos resolviendo solos y que pensamos  también que nos llevana un futuro mas prometedor y mejor, aquí  no esperamos la mano salvadora, somos nosotros mismos  que sin darnos cuenta vamos viviendo, pero de pronto despiertas y ves que ya todo está resuelto, que la vida está dando vueltas por sí misma, y que uno está en un lugar en el que ya no hay mas alternativas posibles,  lo que ibas a hacer ya lo hiciste, lo que dejaste de hacer pareciera que ya es demasiado tarde para intentarlo y te quedas estancado en un limbo que no pareciera tener salida.


En esa etapa estoy yo. No sé si llamarlo depresión, me parece que la palabra es muy fuerte para mi modo de ser. No sé si llamarlo vejez, o desilusión, o tristeza, el asunto es que estoy en una extraña etapa que no se parece a mi, me siento como en un hueco en el que solo hay una ventana muy pequeña e inalcanzable, que me permite soñar con una libertad, con un futuro, con unas metas, pero está tan lejos y con tan pocos recursos para llegar a ella, que pareciera imposible lograrlo.
Sin embargo, se que aún hay vida, sé que puedo lograrlo con esfuezo, entonces, cual bocanadas de ahogado, intento iniciar una nueva ilusión, una nueva meta, pero enseguida me embarga el desgano y la tristeza.

Por ejemplo, decido hacer ejercicios al levantarme, comienzo con gran energía, lo logro hacer dos, tres, cinco, siete días, luego comienzo a pensar, si eso realmente me hace falta, si será que estoy perdiendo mi tiempo, si los ejercicios son demasiado fuertes, o si son adecuados, si los dolores que siento en mi cuerpo se agravan o mejoran con ellos, entonces lo dejo……
Quiero arreglar la casa, pintar, acomodar, reparar lo que se ha dañado, salgo a  la tienda, veo los precios, todo es muy caro y de mala calidad, entonces considero que no hace falta realmente y lo dejo así, no hago nada.

Quiero escribir, me siento aquí escribo estas líneas tontas, que luego al leerlas me parecen mas tontas aún y al cabo de un rato ya me desilusiono y no quiero seguir haciendo nada….

Con esa manera de pensar estoy quedándome sola, triste, sin amistades, sin motivaciones, entonces es en ese momento que siento  mi rostro triste y flacido,  mi cuerpo debil, mi apariencia fea y comienzo a pensar que estoy vieja, acabada, sin deseos de competir en el mundo….

No me gusta sentirme así,  no es una condición que me caracteriza, se que debo superar esta sensación o acabaré anciana antes de tiempo, por eso intento a través de estas líneas, expresar lo que estoy sintiendo y cual sesión de psicoanálisis procurar un alivio o un desahogo que me rescate.

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